Touring South America: Evolving Gloves

Chapter 13: April 14th, Santiago, Chile.

The hostel where I ended up staying after nearly sliding down a steep hill in the city was the Hostal Acuarela. It was one of the most charming and cozy places I had stayed at until that moment. The interior had a unique design and you could feel that it had a personality. Whoever had designed the place had quite an original creative process. Lucky for me I got to enjoy it in solitude since I was one of three people staying there. These are the perks are traveling in the low season.

The following morning I began roaming the labyrinthine streets carved into the hills of Valparaiso. I was joined by Emily, my cuasi travel companion since Nazca, and Esther, a funny Dutch girl we met the night before. All three of us were trying to decipher a city map that had been given to us. We walked down the streets passing by old houses that were still in good shape despite the recent quake.

The more we walked the more it felt like the legacy of Pablo Neruda, the famous Nobel prize-winning poet, had left a city full of ambitious artists and poets. Several houses had plaques with poems inscribed on them or enormous murals full of color that gave life to the cloudy days. Despite the stark contrast of old houses and modern art, it was apparent that it is a city in constant danger since another major earthquake would end up devastating the entire region.

[pics of murals and stairs and old buildings]

Capturing the irregular geography of Valparaiso through a camera can be complicated. You can’t really appreciate how steep the streets are or how the houses are mounted on the slopes. A video taken from one of the city’s main attractions can do it some more justice. Please excuse the non-HD, year 2009 quality.

Later in the afternoon things got quieter. We all bought some groceries (entirely too much) at the local market and went back to the hostel to prepare a delicious and nutritious lunch. We first tried to do this at the girls’ hostel, across the street from my own, but the guard on duty said that the kitchen was for the exclusive use of guests. He said that if the owner saw a stranger in there (me) he’d get angry and kick me out. As improbable as this guy’s excuse was for not letting me in, I didn’t argue with him and told the girls to come back to my place. Ayin, one of the staff members at my hostel, happily let the three of us use the kitchen.

El resto de la tarde fue más tranquila. Compramos víveres, probablemente demasiados, en el mercado cerca al hostal y regresamos a preparar un delicioso y nutritivo almuerzo. Intentamos primero en el hostal de las chicas, pero el encargado de turno me dijo que la cocina era exclusiva para los huéspedes y que si el dueño veía a un extraño ahí, en otras palabras: yo, se iba a enojar y me iba a botar. Esta teoría sonaba muy poco probable pero para evitar cualquier problema en potencia, fuimos a mi hostal donde Ayin, quien estaba de turno, cordialmente nos permitió usar la cocina a los tres. Luego de la comida yo tomé un merecida siesta mientras las chicas se aprovechaban de la laptop para subir sus fotos y mandarle algunas palabras a sus familias. Después de una película en la sala, cada uno se retiró y desde mi ventana le di una última ojeada a la moto que estaba estacionada en frente. La vista nocturna de la ciudad desde ahí era mejor que la de día.

Día... ... y noche... en Valparaíso

El día siguiente tomé mi tiempo para salir del hostal. Durante el desayuno charlé con Ayin y me recomendó tomar un pequeño desvío camino a Santiago para que pase por Laguna Verde. Me deseó buen viaje y salí en busca de este lugar tan bien recomendado. Me alegra haber tomado la ruta panorámica hacia Laguna Verde ya que pasé por un bosque de eucaliptos. Cada respiro que daba me refrescaba y abría los pulmones. Me vinieron memorias de mi niñez cuando vivía en Quito y mi madre me despertaba a las 5:30am para salir a jugar tenis. Yo no entendía por qué un niño de 8 años tenía que despertarse tan temprano para hacer deporte. Era inaudito. El objetivo de todo este esfuerzo era para combatir el asma que había sufrido desde muy pequeño y que evitaba que pudiera salir a correr y jugar por periodos extendidos. Las escaleras hacia la cima, donde se encontraba la cancha de tenis, estaban rodeadas de eucaliptos. Cada peldaño que ascendía era una bocanada de aire impregnado del aroma de los árboles adyacentes y me ayudaba a respirar con tranquilidad. Los caminos bordeados de eucaliptos siempre me han llevado a buenos lugares, y esta ocasión no fue diferente.

Mirador sobre Laguna Verde

Hubiera sido maravilloso poder acampar aquí pero tenía que llegar a Santiago y continuar con mi ruta. Me di la vuelta y en una hora ya estaba entrando a la capital. Entrando al corazón de Santiago pasé por varios lugares conocidos donde viví experiencias inolvidables. La estación de buses donde pedí una hamburguesa sin queso y me dieron una con queso; el metro cerca a la Plaza de Armas donde casi me como una papa rellena de una ambulante compatriota; el puente que crucé hacia el barrio de Bellavista donde había una grafiti de una chica tomando sol (¡sigue ahí!); y una tienda de empanadas donde un amigo y yo nos sentamos a comer a las 3am después de una noche tomar una variedad considerable de cervezas internacionales. Muchas memorias se encuentran albergadas en estas esquinas.

Media hora después de estos buenos recuerdos ya estaba llegando a la casa de mi tía y primos que no veía hace casi 10 años. Fue un placer estar entre familiares después de dos semanas y media de recorrido intenso. Siempre me gusta escuchar acerca de historias de antaño de la familia y en este caso, todas las historias eran nuevas. Una de mis favoritas fue el método utilizado para calcular la edad de la madre de mi madre. Una cifra que quedó olvidada en el tiempo y que se encontraba sujeta a pura especulación durante años. ¿Por qué llamarla la madre de mi madre y no mi abuela? Bueno, existe la historia de un pequeño que la llamó abuela una vez. Dicha acción provocó una cachetada legendaria sentida a través de las generaciones. Una resondrada de tal magnitud que nadie más se atrevería a llamarla abue… mamá de mi mamá. Son cosas delicadas.

Junto a Chela, la hermana de la mamá de mi mamá.

Con Jany y Paula antes de partir Con Dani, Cami y Felipe Y una foto más para no excluir a mi querida tía Patty y a la Pepa que casi se come mis zapatos.

Lo más importante que tenía que hacer en Santiago era comprarme guantes nuevos. Ya llevo tiempo escribiendo sobre lo inútil que me resultan los guantes de tela que he estado usando hasta el momento. Mi misión era encontrar guantes gruesos que me protejan del frío, del viento, y del agua. No pensé que sería tan complicado hallar algo así. Los días en Santiago me dieron la oportunidad de salir a conocer la ciudad con Emily y un nuevo personaje que se acopló a las caminatas: Ben, el fotógrafo alemán. Logramos hacer un buen tour de la ciudad a pie en dos días. Lamentablemente habían algunos lugares que no abrían ya sea por ser lunes (museos y casa de Neruda) o por tener fallas temporales (Funicular del Cerro San Cristóbal) pero entre las cosas que sí llegamos a ver fueron: los edificios antiguos del centro, una exposición sobre China debajo del Palacio de la Moneda, la maratón de Santiago, el Cerro Santa Lucía, el Museo de Bellas Artes, y un borracho al mediodía tropezándose con una niña que almorzaba con su familia solo porque quería hablar en inglés con nosotros. Está de más decir que a los padres de la niña no les causó tanta gracia como a mí.

Maratón de Santiago 2010: Fuerza Chile! Palacio de La Moneda: sin tours internos debido a "daños estructurales" La entrada al castillo en el cerro: CERRADADesde la cima del castillo en el Cerro Santa Lucía Cansada de subir escalones resbaladizos en sandalias  Estatua de mármol en el Museo de Bellas Artes Estatua china en la sala de exposiciónCon Ben y Lucky, el perro callejeroFamilia China típica, foto cortesía de Ben Gierig Ai spikin inglish!   Catedral en la Plaza de Armas

Me preocupaba que en dos días no había encontrado los guantes que necesitaba. Al llegar a la casa de mi tía, me regalaron unos guantes de motocross y un casco que lamentablemente no podré llevar conmigo. A pesar que los guantes que me dieron eran mucho mejor que los que estaba usando, no me protegerían del frío ni la lluvia. Había pasado por 4 tiendas especializadas en motociclismo pero no tenían lo que estaba buscando. Me dirigí de vuelta a la casa, resignado a pasar un día más para poder buscar con más paciencia los guantes necesarios, cuando vi una tienda más en el camino y paré para preguntar. Bueno, en realidad me pasé la tienda y tuve que avanzar y luego retroceder y tomar 3 atajos para volver a dar con ella pero todo valió la pena porque tenían justo lo que estaba buscando. Es así como se acabó la gran búsqueda de guantes impermeables de invierno.

La evolución

Ahora ya tengo todo lo necesario para seguir con la aventura. Próxima parada: Mendoza, Argentina.

Luis

Luis is just an ordinary guy who happens to love traveling on motorcycles. When he's not revving his bike's engine, he's writing about motorcycle travel and helping people find the best motorcycle gear that will make their trips more comfortable and enjoyable.

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